Bichos raros (4)

Hoy hay una estrella más en el cielo y es que PAQUITO se nos ha ido. De manera súbita e inesperada, dejándonos un enorme vacío en nuestros corazones.

Y es que Paquito era un ser especial. No he conocido nunca un perro tan noble como él. Todo lo que tenía de grande lo tenía de bueno. Es que lo tenía todo: era dulce, cariñoso, con una paciencia infinita, divertido, nunca se peleaba con nadie, todo le parecía bien, nunca tuvo conflicto con ningún animal; es más, conseguía calmar y apaciguar a todos los que llegaban nuevos y los recibía e integraba en “la manada”. Paquito siempre fue un líder, pero uno de los buenos. Uno de los que no necesitó nunca imponer su carácter ni genio por encima de nadie, porque todo lo conseguía con su bondad y nobleza, ni un ápice de maldad.

Tenía unos ojillos de un color ámbar espectacular, que cuando te miraba sabías que iba a conseguir lo que quisiera porque te derretía con la mirada. Te llegaba al corazón.
Una de las cosas que más le gustaba y con la que disfrutaba muchísimo era con las sesiones de peluquería que le hacíamos. Aún recuerdo la última vez que le peiné, que le dije cariñosamente que parecía un “perrillo vagabundo lleno de rastas y que había que ponerle guapo para que se le viera ese pelazo brillante que tenía”. Y ahí se te quedaba mirando mientras le peinabas con una carita de gusto y disfrute preciosa; y cuando parabas, me daba con su patita para animarme a seguir y no perder el ritmo.
¡Y a su lado siempre su inseparable Orejas! Y es que Orejas siempre ejerció contigo de hermano mayor; siempre a tu lado, protegiéndote, cuidándote y velando por ti. ¡Cuánto te va a extrañar y cómo te va a echar de menos! Al igual que tus otros hermanos, Thor y Bruno, con los que creciste desde que llegasteis los tres casi al mismo tiempo al Refugio, siendo tres bebotes adorables. ¡Cuántos ratos de juegos disfrutados!

Otra de las cosas que más te gustaban y creo que eras el único del Refugio al que le pasaba, era que te encantaban los días de lluvia. Te salías de las casetas y te quedabas bajo la lluvia, mojándote y disfrutando de esos momentos… ¡Daba igual que te llenaras de barro o te calaras porque eras un ser feliz y disfrutón!

Llegaste a BICHOSRAROS siendo un bebé de pocos meses al que abandonaron porque no podía caminar. Fuiste el bebé más bonito que ha habido nunca. Te diagnosticaron una malformación congénita en vértebras torácicas, que era lo que al principio te hizo no poder mover las patas traseras. Aprendiste a dar tus primeros pasos con silla de ruedas, pero al final, con tu energía y ganas de vivir, acabaste caminando tú solo, sin ayuda y con esa manera tan bonita que tenías de moverte: ¡con salero y alegría! ¡Parapléjico e incontinente, pero el ser más feliz y agradecido que he conocido nunca!

No sabes cuánto duele tu marcha, Paquito. El gran vacío que nos dejas a todos, porque de verdad que llegabas al corazón de todo aquel que te conocía. Desprendías luz, bondad y amor puro. El cielo ha ganado un gran ángel perruno, pero aquí nos quedamos tristes, vacíos y huérfanos sin ti. ¡Te queremos muchísimo, Paquito! ¡Nunca te olvidaremos! ¡Siempre en nuestros corazones!

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